¿Quién educa?

El título que ostento aquí en realidad corresponde a un ensayo que había estado escribiendo. Pero un profesor que tuve hace años me exclamó muy fervoroso que lo dejara; que el mundo estaba esperando mi novela.
Así que para no perder esas ideas, resolví que no estaría mal publicarlas en este espacio.Comenzaré informando sobre el estado del currículo español actual. Repito que no es nada personal. Solo que vivo aquí y es justamente aquí desde donde nos reclaman que seamos ciudadanos avenidos al Estado Español. Vale, allí voy. Que se tome como una contribución.

No hay médicos. Comienzan a contratarlos del extranjero (datos de 2011) Aparte de que carecen de estos profesionales en muchas de sus especialidades, quiero remitirme a lo que hacen los jóvenes del s.XXI desde los 12 hasta los 15 o 16 años de edad:

Después de la Primaria ingresan a ESO (Educación Secundaria Obligatoria)
Lo que se encuentra en Literatura del tercer curso un chiquillo de 14 años, es al Cid y compañía: Literatura Medieval para un niño que nació con un móvil en la mano y otros aparatitos teconológicamente avanzados. No contacta con el periódico ni lee libros de literatura universal. No los lee ni a menudo ni nunca. En general tienen un libro obligatorio al año o en el mejor de los casos, por trimestre; de esos libros no hacen demasiados ni profundos comentarios. No escritos. Sino presentaciones orales muy resumidas. Es decir, que preparan un guión del Power point.
En primero de Bachiller ( dos cursos que aún no han recibido modificación ni actualización alguna) y por si les quedara alguna secuela impatria, vuelven a estudiar -de memoria casi siempre- toda la época medieval. Siguen sin contactar con el periódico. Tampoco escriben sus trabajos en ordenador.
¿Qué importa? ¿Qué más da?

En cuarto curso de ESO tienen, para mi gusto profesional, el mejor programa de literatura. Ven desde el Romanticismo hasta la actualidad. Pero ni idea de los planteos románticos. Tampoco llegan a ver Literatura de otros territorios. Tampoco y tampoco leen las novelas del siglo XIX para contextualizar ese movimiento. Mucho menos se aborda la Literatura Comparada por eso de la interculturalidad…

Lengua: En esta parte sobreabunda la gramática aún cuando el programa del Ministerio de Educación (2007) expresaba con claridad que ésta solo debía ser enseñada de forma contextualizada. Es decir, dentro del texto y no fuera de él. O sea: futuros profesores de lengua no diseñéis una unidad didáctica que se llame Subordinadas. Es del todo inconsistente e innecesario además de no cumplir con ningún objetivo didáctico. Me explico más: las subordinadas abundan en cualquier texto; solo basta con señalarlas cuando LEAN y hacerles ventanas explicativas para su uso en la escritura. No vale de nada que las analicen porque no serán filólogos y sobre todo, analizando oraciones no se aprende a escribir nunca jamás. Aprovecho para recalcar que tampoco pongáis a estas pobres víctimas a conjugar de memoria ya que luego se expresarán empleando mal los tiempos verbales. Ponerlos directamente a corregir textos mal construidos sintácticamente con indebido uso de los verbos y con pobreza de vocabulario. Estarán encantados de corregir. Y aprenderán. Asimilarán palabras. La materia prima de la asignatura.

Además, en Lengua, se supone que al acabar la etapa obligatoria deberían ser escritores autónomos en cuanto a comentarios de opinión personal. Pues no. Le pones un folio en blanco y protegen a los árboles con todas sus garras. O con un único argumento oral: “no sé qué decir”.

No saben qué decir porque no han leído casi nada en su corta existencia alfabetizada. No saben qué decir porque ignoran una columna editorial. No saben qué decir porque no practicaron escritura en cuatro años. No dicen nada porque no debatieron en clase ningún asunto de actualidad. No se practican debates o tertulias con respeto al turno de palabra para aprender a escuchar.
Sigo con Lengua. En cuanto a herramientas, ni el móvil ni los juegos del ordenador le aportan un Diccionario de Sinónimos.
Más de treinta alumnos en dieciséis años de docencia personalizada (clases de apoyo particulares) me expresaron que jamás habían usado uno de esos.

Podría continuar con más ejemplos. Pero retomo la Medicina.

Al acabar la ESO, un porcentaje alto para tiempos modernos, deserta. Tira la toalla. No quiere saber nada. Sencillamente porque no sabe nada del mundo que lo rodea. Del mundo actual, no del Quijote y su locura.
Los que no abandonan deben decidir antes de ingresar al Bachillerato la rama de especialidad; si Ciencias o Letras.
En los siguientes dos cursos de bachiller deberán prepararse para el ingreso a la universidad. O, en otras palabras, deberán ajustar los cuatro años anteriores. En lo que a mí concierne, harán una carrera contrareloj para aprender a escribir un buen comentario. Ya sea de un artículo periodístico, de un texto filosófico y/o de un documento histórico.
Siguen sin diccionario de sinónimos y sin traer el periódico al aula.
Suspenden las asignaturas de humanísticas la mayoría. Siguen sin tener responsabilidad en el asunto. Para mí visión, siguen siendo víctimas de un sistema esclerosado.
Los de Ciencias, también deben aprender a comentar un texto periodístico. Los futuros físicos, químicos y demás científicos están sujetos a un examen de Lengua y Literatura castellana obligatorio.
Por supuesto que para ingresar a tan ambiciosas carreras no podrán tener una media de cinco puntos en Bachiller y mucho menos en el examen de ingreso a la universidad. Mínimo, ocho puntos de media.
Si hay suerte y esmero serán doctores en algo el día de mañana. Pero los datos confirman que no triunfan. Por ello hay que llamar a médicos de otros países. Y más triste todavía, los que no dan la media, se decantan por carreras menores que no tienen que ver con su vocación.

Más o menos así se presenta el mapa profesional. El examen de Selectividad (nombre que se la da al ingreso universitario, ahora modificado por otra ley educativa) es, en realidad, una revisión de todo el sistema educativo previo. En ningún modo se trata de una evaluación con cuestiones directas a la futura profesión. El que eligió estudiar Derecho, tendría que responder a preguntas relativas a leyes y hacer una exposición oral con sólidos argumentos de defensa en un simulacro de juicio, por ejemplo. El abogado debe saber expresarse con sobrada soltura. Pero no existe ese examen como tampoco jamás dieron una evaluación oral.
Los de Medicina tendrían que responder a preguntas sobre lo primero que se encontrarán en la facultad: anatomía del cuerpo humano. Si fuera posible, la prueba de ingreso debería realizarse en un hospital; más concretamente en la morgue. Allí, in-situ, resolverían más temprano que tarde su futuro acontecer profesional -o su rechazo-

Si esto que antecede, resultó pesado y extenso, pueden omitirlo y contestar a las siguientes preguntas:

¿De qué sirve hacer un comentario de texto con 17 o 18 años, si no se dedicará jamás ni a periodista ni a humanista?
¿De qué sirve analizar un poema si no será literato ni poeta?
¿Qué es eso y de repente lo del Registro Lingüístico y los Campos Semánticos si no serán lingüistas ni filólogos?

Si encima, estos son temas que supuestamente ya fueron vistos y aprobados en una asignatura concreta de una etapa acabada.

En todo caso que realicen comprensión lectora de un texto de Biología o de Medio ambiente o de Geografía para los que estudiarán Turismo.

En definitiva, a los profesionales que pretenden serlo hay que chequearlos (baremarlos) en el terreno donde serán responsables el resto de su vida.
Ya comprarán el periódico con su primer salario y se mancharán las manos de tinta (demasiado tarde para lágrimas con el avance digital y de redes) Y aunque hayan tomado innumerables sopas de Cervantes y la lengua que lo parió, si en otro país del globo le ofrecen mejores posibilidades, se irán. Sí, se irán como vienen otros.
Movimiento.
Andando.
Dejad de someter a tortura lingüística a jóvenes brillantes como diamantes.
Que cuando quieran hablar, lo harán.
Y si se les da la gana, escribirán una carta a sus amigos desde el extranjero (una carta digital, claro)
Que el comentario, esto que yo hago aquí, no sirve para ninguna profesión futura. Solo es un entretenimiento.
Dejad de dilatar una intensa Reforma educativa a la altura de este siglo. Y hacerla que perdure al  menos doce años.
Que así sea.

Gracias.

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